«Eliminaba, progresivamente, mis visitas al café; me animaba a estar solo; me llegaba a ocurrir que cedía a la tentación, pero cada vez regresaba un poco más curado, hasta el día en que, finalmente, descubrí el inmenso placer de oír el silencio y de escuchar las nuevas voces que se perciben en él. Así es como quedé, progresivamente solo.»
Solo. August Strindberg