Llama a las aguas del mar

El que hizo las Pléyades y el Orión, cambia las densas tinieblas en aurora, 

y hace oscurecer el día en noche; el que llama a las aguas del mar, 

y las derrama sobre la faz de la tierra: el Señor es su nombre. 

Amós 5:8

Nadar sabe mi llama el agua fría.

Quevedo

Llama a las aguas del mar:

Lectura y orden de Fluctus, de Julián González

Jorge Terrones

I

Julián González nació en Aguascalientes, en 1986. Fluctus, título de esta exposición, es el segundo nacimiento del artista, en donde igualmente hay agua, aunque se antoja fría, cuyo flujo, quema. 

II

No ha expuesto en una década. Su último trabajo, Cartografías, estado de existencia, data de 2014. Durante su época silenciosa, el artista tuvo distintas ocupaciones, pero acaso predicar haya sido la más potente: fue pastor. Se olvidó del fuego familiar, el que abriga, y se inclinó por buscar la llama en su espíritu: le llamó pastorado, le llamó palabra del señor, le llamó enseñanza. Me pregunto cómo llama a Dios. Con agua, digo. 

Con el tiempo, el artista se aisló de casi todo, menos de su fe. Santiago, su hijo mayor, palabras más, palabras menos, le preguntó que dónde estaba su padre. Porque el cuestionamiento encerraba un juicio cierto y humano, le dolió. Era pastor, no un padre. Ahí inició su reconversión. 

III

La palabra de Santiago movilizó un abrupto oleaje en el fuero interno de González: en el inicio hubo guerra; al final, paz. En medio: las tempestades y las batallas entre él y Dios. Con la intención de acompañar al artista en su naufragio, a Fluctus la he dividido en una sucesión de cinco bloques. 

1. En el inicio fue la guerra:

El conflicto entre el artista y Dios no podía iniciar más que con dos obras: “Bellum (Guerra)” y “Principium (Principio)”. 

2. Caída y cresta:

Aquí es donde está concentrado el cataclismo del artista, por medio de tempestades, mareas altas, diluvios. Algunas de las obras de esta parte son “Tormentum (Tormenta)”, “Adversa (Adversidades)” e “Impetu in mare (Caer al mar violentamente)”.

3. Cruzó al hombre y a la mujer:

Integrado por “Humus (Tierra)”, donde se distingue a un niño, y “Mulier (Mujer)”, donde se vislumbra a una niña, en esta división los personajes son tachados y ensombrecidos, o sea, aquí el artista cruza al hombre y a la mujer, como si renegara y se apartara de lo humano.

4. Ego:

Una vez unificado con sus tempestades –“Yo soy la ola (Ego fluctus sum)”, que es una caja de luz donde alguna vez hubo un autorretrato del artista, ahora casi indistinguible-, llama a la palabra de Dios –“Verbum Dei (Palabra de Dios)”, que es una biblia intervenida-, para crucificarse –“Ego crux sum (Yo soy la cruz)”, que es una cruz de aluminio profanada y manipulada, cuyo resultado es una escultura-. 

5. Templo:

Las últimas piezas, “Finem (Final)” y “Pax (Paz)”, conducen a leer que el artista ha salido de la cruz, renacido, y ha hecho más o menos las paces con su ser espiritual y su ser mortal. He dicho más o menos, porque la paz que aquí presenta, no es blanca, sino oscura.

El artista ha llamado a sus obras, como leemos, en castellano, nuestro idioma, y en latín, lengua que tiene algo de divino, porque ha retomado la palabra y la templanza con su familia y continúa llamando a Dios, ahora sin prédica.

IV
Desde la antigüedad se nos ha legado una comprensión de la naturaleza a través de sus elementos: agua, tierra, fuego, aire. En cuanto a arte, habrá quien diga que el elemento primario es el color; otro, la línea; alguien más, el punto. Esos, y otros, son participantes secundarios del arte, porque el protagonista central de toda creación plástica es la luz. Sin luz, no hay arte. 
El contacto tan directo con la luz hace que, en principio, se sienta calor, pero si el contacto se prolonga, llega el incendio. La salud, no, más bien la vida de un artista se acorta o se alarga según el grado con el que ingresa a su relación con la luz. Julián González quiso quemarse, andando en el agua. O sea, en sus obras, en su vida, tomó dos elementos: uno de la naturaleza; otro, del arte. Allá, el agua; acá, la luz. Para llegar a su encuentro consigo mismo tuvo que aprender a emplear el fuego para caminar sobre el agua.

Deja un comentario