Sobre Víctor Sandoval y nuestro silencio

Sandoval

(A la derecha, Víctor Sandoval. Imagen publicada en la página 32 del libro de Carlos Reyes Sahagún, Víctor Sandoval, y que pertenece al archivo particular de Eunice Sandoval)

 

En cada hogar de Fraguas/ se enciende una ramita de odio.

V.S.

 

 

Víctor Sandoval:

Silencioso y en silencio

Jorge Terrones

 

 

Debió ser entre 2004 y 2008, cuando era estudiante de letras. Llegué a ver varias veces a Víctor Sandoval con sus amigos en el café. Se mostraba quieto e imperturbable mientras los demás charlaban. Con cierta periodicidad, lo volteaban a ver, como buscando su aprobación -o su bendición: “Querido Víctor, ruega por nosotros”, escribió Juan Gelman-. Él permanecía callado, de brazos cruzados. A veces asentía. No parecía un tertuliano, sino un juez que guardaba para sí su dictamen. Siempre el silencio. Pienso en Sandoval y pienso en su silencio. No, también en su poder. Recuerdo que Marco Antonio Campos, en un encuentro de poesía celebrado en el Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes, cuando vio llegar a Sandoval, le extendió los brazos, se dirigió a él, y lo abrazó. El acto de Campos, así descrito, podría pasar como una forma amistosa de dar la bienvenida a un amigo. No. Su acto pareció estar más dirigido a la política que a la amistad. “¡Gobernador!”, le dijo, y al otro no pareció molestarle. Silencio, poder. Por desgracia, su poderoso legado ha padecido una parte de su última personalidad: el silencio.

Fraguas no es uno de esos poemas que dan sentido de pertenencia a un pueblo: es un poema mal conocido y peor discutido. Víctor Sandoval fue un hombre: no un engrane de la rica historia cultural de México. Fraguas, Víctor Sandoval. Ambos nombres: eso, nombres. Apenas los pronuncio y no encuentro eco. Son silencios que nos hemos acostumbrado a escuchar. ¿Qué es Fraguas, qué es Sandoval? Debería de ser Aguascalientes que es Fraguas que es Sandoval, y sin embargo, no conversamos sobre su poesía ni sobre su trabajo como gestor. Me desdigo. No sólo conversar: criticar. Su poesía está infravalorada en su propia ciudad; su labor de gestión no es estudiada en su propia ciudad. En 2015 se cumplieron 40 años del Museo Aguascalientes, 35 años de la publicación de Fraguas y 30 de la creación del Instituto Cultural de Aguascalientes. Es ocioso, pero hay que decirlo: nadie celebró su obra literaria; su gestión no fue un pretexto para el análisis. Museos, casas de cultura, centros de investigación y artistas guardaron silencio. No: guardamos silencio. Aparte de un tibio evento sobre el museo, ¿hubo libros, seminarios, congresos?

No creo equivocarme si digo que Fraguas no se discute porque obviamos nuestra localidad. La suerte de su legado como gestor no ha sido distinta. Aguascalientes, México, América, el mundo. Querer estar en el último estadio sin haber pasado por el primero: deseo vehemente, pero desraizado. Deseo ignorante, en tanto que lo internacional alguna vez fue local. La amplitud de miras comienza, no observando el horizonte, sino los zapatos. Hemos celebrado a Shakespeare, Cervantes, Rulfo, Cortázar, Paz, y es noble hacerlo, porque al horizonte le damos raíces, pero falta el proceso inverso: llevar las raíces al horizonte. Hacer dialogar a Sandoval con nuestro siglo sería una forma de honrarlo, porque en Sandoval hubo raíz y horizonte.

En un tiempo en que sólo la capital del país era enriquecida por la cultura, Víctor Sandoval fue un visionario. Genio de la gestión, diríamos con propiedad. Escritores, artistas, gestores, instituciones, espectadores: todos le debemos algo. En general, su gestión fue heredera del grito de batalla de los integrantes de Paralelo. “¡Provincianos de la República, Uníos!”, leemos en el Manifiesto del grupo. ¿Contra quién o contra qué? El feroz centralismo. Si actualmente lo padecemos, imaginemos hace 50 años. Pero no fue lo único que hizo. Acá una minúscula muestra de su gestión, que nos puede dar una idea del poder que llegó a alcanzar: fundó 54 casas de la cultura, la revista Tierra Adentro, el Instituto de México en España, el Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes, el Premio de Poesía Aguascalientes, el Encuentro Nacional de Arte Joven. Sandoval gestionó arte y espacios para el arte y la cultura. ¿Qué significa, por ejemplo, gestionar arte?

“Todo gran arte trata del arte”. La frase es de Leo Steinberg y me parece inexacta. El tema del arte, cualquier arte, no es el arte mismo. El tema del arte es el tiempo. En el arte, el tiempo no se congela, como podría pensarse, sino que se enciende: leemos un poema o vemos una pintura, y al tiempo, que es testigo y testimonio, le retorna la circulación de vida. Sin espectador, no sólo no hay arte, sino que no hay ceremonia y crítica del tiempo. Ceremonia: recogimiento, introspección, espiritualidad; crítica: conversación, juicio, discusión. De esta forma, no es difícil concluir que quien gestiona el arte, gestiona la ceremonia y la crítica del tiempo. En la segunda mitad del siglo XX, quizá como nadie en Hispanoamérica, Víctor Sandoval fue el gran gestor del tiempo.

Estamos acostumbrados a que el homenaje debe de traducirse en adjetivar algo. La biblioteca del área norte de la Universidad Autónoma de Aguascalientes lleva el nombre de Víctor Sandoval; un teatro de la ciudad de Aguascalientes lleva el nombre de Víctor Sandoval; la Casa de la Cultura de Aguascalientes lleva el nombre de Víctor Sandoval; el Premio de Poetas del Mundo Latino lleva el nombre de Víctor Sandoval. Biblioteca, teatro, casa de cultura, premio: instituciones. Forma. ¿Y la discusión de sus ideas? La doctrina Sandoval: descentralizar y democratizar la cultura en México. De ello poco se habla, y aún menos se escribe. Por ejemplo, en Historia mínima de la cultura mexicana en el siglo XX, que es un libro de 526 páginas editado por el COLMEX  en 2010 y escrito por Carlos Monsiváis, no hay una sola mención a Sandoval.

La poesía y la gestión de Sandoval merecen una sana y aguda crítica. En principio, porque tengo la impresión de que una pequeña parte de la generación de artistas mexicanos nacida en los setenta, es la última a la que el nombre “Víctor Sandoval” le dice algo. Para mi generación, la de los ochenta, Fraguas y Víctor Sandoval son nombres. Deberían de ser pretextos, orgullo, identidad. Me parece lógico que el reconocimiento de un artista comience por su tierra. Así, me atrevo a sugerir al Instituto Cultural de Aguascalientes o a la Universidad Autónoma de Aguascalientes la creación de un seminario o un congreso o una cátedra que estudie, entre otros asuntos, la compleja labor de Sandoval como gestor (Sandoval y la danza, Sandoval y el teatro, Sandoval y la política, Sandoval y la literatura, por mencionar algunas líneas de investigación); una biografía mucho más compleja que la publicada por Carlos Reyes Sahagún; un libro que recupere buena parte de su producción como prosista. En síntesis: diálogo y difusión de nuestro patrimonio. En 2019 conmemoraremos los 90 años del nacimiento de Sandoval. En este sentido, en Fraguas hay dos versos que no quisiera repetir dentro de dos años: “Fraguas es una hoja en blanco/ la memoria no existe.”

 

*Con esta entrada inauguro este blog, donde publicaré textos que van sobre proyectos personales. Trataré de publicar un texto al mes. Conversemos.

4 comentarios en “Sobre Víctor Sandoval y nuestro silencio”

  1. Gracias por compartir, Jorge. Así, los que no somos originarios de aquí, podremos reconocer a Aguascalientes mientras nos envuelve su cultura. Como dices, es necesario difundir. Sé que existe interés, pero no como se esperaría si tomamos en cuenta la cantidad de gente que ignora. Además, por muchos motivos las generaciones están más dispersas. Estoy segura de que conocer a Víctor Sandoval permitirá que su labor nos alcance. Y cuando nos reconozcamos en ésta, podremos continuarla. Las bases están y funcionan, pero a veces hace falta quien nos haga la invitación y nos convenza. Gracias también por eso. Saludos.

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  2. ¿Cómo habrá sido que tras la instauración de los mencionados espacios la colectividad de provincia pasó a formar parte precisamente del eje centralista y nunca cuajó como una entidad autónoma?, se puede hablar de estados con mayor o menor actividad cultural propia, pero su transmisión fuera de sus fronteras políticas está relegada a esa misma vía institucional (echándole ganitas hacia/desde circuitos universitarios) y a la de la aeronáutica nacional que a fuerza pasa por capital; si es verdad que Victor Sandoval ocupa un engañoso lugar entre busto de plaza y apá de la mextión cultural, encuentro mucho más apremiante (o a lo Dross: per-tur-ba-dor) la dirección actual de su legado: si cualquiera de esas casas fuera un teatro ¿quién es el público?, algo pasa con la dispersión de y desde ahí ya podríamos comenzar a hablar de la relevancia social y política de.
    Salud y enchiladas para tu nuevo blog, besos.
    §

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  3. Jorge: enhorabuena por el blog. Coincido. En el caso de Víctor Sandoval, debemos pasar de la retórica celebratoria y los homenajes formales, al estudio del personaje y de su obra, a la valoración crítica y rigurosa de ambas cosas. Un abrazo.

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  4. Me uno a tu interés por conocer mejor la obra de Víctor Sandoval, dentro y fuera de sus libros. Recordar que su acercamiento al poder se debió a las condiciones generales en que se desenvolvía el trabajo literario, artístico e intelectual en aquellos años. Y discutir hasta dónde y cuándo mantuvo la independencia de criterio que ostentaba el grupo Paralelo. Tenemos mucho que aprender al respecto y celebro tu iniciativa de romper un silencio que en nada sirve a quienes nos beneficiamos con esta herencia y que, en cambio, podemos enriquecer si la comprendemos mejor.

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